LA VERDADERA REVOLUCIÓN FEMININA AÚN ESTÁ POR LLEGAR
...Una vez ganada la guerra y conseguida la igualdad entre sexos que proclama la Constitución del 78, es la propia mujer la que se está viendo desprovista de esas señas de identidad que la distinguen como género. Esto, sin embargo, sucede con el beneplácito de la mayoría de ellas.
Y ahí radica el error: en acomodarse en la igualdad y pararse en seco; como si hubiera que hacer tabla rasa entre sexos para no hallar diferencia alguna. Esto prueba que la revolución femenina todavía está por llegar: aquella revolución que suelte cabos con el obsoleto y arcaico movimiento feminista y se atreva a ensalzar realmente las cualidades del género femenino, que lo dote de orgullo individual al margen del masculino y que proclame, por qué no, su superioridad respecto a aquél por ser capaz de vivir experiencias naturales fuera del alcance del hombre. También, la verdadera revolución femenina debería ir dirigida al rechazo de todo aquello que signifique una igualdad por cuota, ya que no hace más que ahondar en la injusticia y la infra valoración del género. La política de cuota es, simplemtete, poner coto y marcar unos límites inaceptables que la mujer segura de sí misma debería rechazar de pleno.
Con el aplauso complaciente hacia esta medida -impulsada, no lo olvidemos, por hombres- se derrumba la estructura del viejo movimiento feminista que, acomodado, se muestra, a ojos del crítico sin prejuicios, como un movimiento antiguo y desfasado que ya no tiene nada que transmitir a la mujer más allá de sus viejas luchas nostálgicas; y que sólo se mantiene en primera línea gracias a su afinidad con los intereses ideológicos del Gobierno que, más que pensar, divaga mientras entra de lleno en un relativismo moral que amenaza con contagiar cuanto toca.
Una de las posibles vías de escape a esta situación es aquélla que fomenta acciones para hacer que la mujer crea en sí misma, tome conciencia de su género en toda su extensión y acepte con orgullo sus características propias al margen de patrones que pretendan imponerse como oficiales y sin alternativa posible, dirigidos, al parecer, a aniquilar unos sentimientos que, por mucho que nos esforcemos, los hombres jamás llegaremos a comprender en su total dimensión. Parir y amamantar son placeres que la naturaleza sólo ha tenido a bien dotar a la mujer. Sortear la esencia y darle la vuelta como si se tratara de un calcetín llevaría a muchas mujeres a caer por sorpresa en el sentimiento de culpabilidad. El instinto, por mucho que nos esforcemos, no se doblega así como así...
Y ahí radica el error: en acomodarse en la igualdad y pararse en seco; como si hubiera que hacer tabla rasa entre sexos para no hallar diferencia alguna. Esto prueba que la revolución femenina todavía está por llegar: aquella revolución que suelte cabos con el obsoleto y arcaico movimiento feminista y se atreva a ensalzar realmente las cualidades del género femenino, que lo dote de orgullo individual al margen del masculino y que proclame, por qué no, su superioridad respecto a aquél por ser capaz de vivir experiencias naturales fuera del alcance del hombre. También, la verdadera revolución femenina debería ir dirigida al rechazo de todo aquello que signifique una igualdad por cuota, ya que no hace más que ahondar en la injusticia y la infra valoración del género. La política de cuota es, simplemtete, poner coto y marcar unos límites inaceptables que la mujer segura de sí misma debería rechazar de pleno.
Con el aplauso complaciente hacia esta medida -impulsada, no lo olvidemos, por hombres- se derrumba la estructura del viejo movimiento feminista que, acomodado, se muestra, a ojos del crítico sin prejuicios, como un movimiento antiguo y desfasado que ya no tiene nada que transmitir a la mujer más allá de sus viejas luchas nostálgicas; y que sólo se mantiene en primera línea gracias a su afinidad con los intereses ideológicos del Gobierno que, más que pensar, divaga mientras entra de lleno en un relativismo moral que amenaza con contagiar cuanto toca.
Una de las posibles vías de escape a esta situación es aquélla que fomenta acciones para hacer que la mujer crea en sí misma, tome conciencia de su género en toda su extensión y acepte con orgullo sus características propias al margen de patrones que pretendan imponerse como oficiales y sin alternativa posible, dirigidos, al parecer, a aniquilar unos sentimientos que, por mucho que nos esforcemos, los hombres jamás llegaremos a comprender en su total dimensión. Parir y amamantar son placeres que la naturaleza sólo ha tenido a bien dotar a la mujer. Sortear la esencia y darle la vuelta como si se tratara de un calcetín llevaría a muchas mujeres a caer por sorpresa en el sentimiento de culpabilidad. El instinto, por mucho que nos esforcemos, no se doblega así como así...
fuente Mi País Dormido

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