AMAMANTAR
−Eras un bebé hermoso. Me mirabas con tus ojos curiosos, me buscabas hambriento con tu boca, arañando, pidiendo... y yo... ¡qué tonta fui! No quise amamantarte para no estropear estos colgajos −se tocó los senos−, mi orgullo femenino. Y ya ves, el tiempo se encargó de consumirlos. ¡Cuántos errores estúpidos! ¡Qué fácil era amarte!...
Extracto de "Lo que le falta al tiempo" por Ángela Becerra

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